Farmacias de turno
Diciembre 23, 2020

El nacimiento de la Navidad

Por cuestiones laborales y personales, por la vida misma, he tenido que ausentarme de este medio por un tiempo. No sé si fue muy largo, pero para mí que gusto especialmente de comunicarme con Uds. ha sido una eternidad. Pero si, a mi suerte, alguno de los lectores se preguntó por este humilde historiador, con un fuerte agradecimiento les digo que he vuelto

El nacimiento de la Navidad

Y volver no es nada fácil, uno se pregunta qué es lo que podrá interesarles a los que están leyendo, se pregunta sobre qué le gustaría a uno mismo leer y a la vez intenta ser preciso y algo entretenido. En esta ocasión, me pareció que lo mejor era hablarles sobre la Navidad, ya que estamos en ese período tan problemático a la hora de reunirnos, tan dubitativo a la hora de hacer regalos y tan sentimental al momento de hacer esos balances muchas veces inevitables o simplemente la tristeza porque este año habrá un plato menos en la mesa aunque, por supuesto, la alegría de muchos de celebrar el nacimiento de Jesús de Nazaret… ¿realmente eso festejamos?

                Dejando de lado los sistemas ideológicos y religiosos, quien esté ahora leyendo puede creer o no en el cristianismo, o puede tener otra religión o simplemente no tener ninguna. Este artículo no pretende atacar ni contradecir ninguna creencia, sino simplemente aclarar o explicar estas fiestas desde el punto de vista histórico.

                Varios cientos de años antes de lo que llamamos y conocemos como el “nacimiento de Cristo”, surgió en Oriente Medio una religión que, además de novedosa, venía a poner patas arriba a las demás creencias de todo el mundo conocido de la época… se trataba del Zoroastrismo, creado por Zaratustra ante una supuesta visión. Probablemente muchos jamás hayan oído hablar de esta religión, pero hasta hoy existe aunque con pocos adeptos. No obstante la parte “cholula” que siempre nos gusta nos va a sorprender: Freddy Mercury era zoroastrista, al igual que toda su familia.

                ¿Pero que tenía de especial este nuevo culto? En principio era monoteísta, o sea que creía en un solo Dios que se llamaba Mitra, por otra parte agregaba conceptos que hasta ese momento no existían en el mundo antiguo, fueron los conceptos del Bien y del Mal.  Aunque parezca descabellado, antes del zoroastrismo, las cosas no eran buenas o malas, eran un poco de ambas o simplemente no importaban en un absoluto. El bien representaba el Orden y el mal al Caos, y no demasiado más que eso. Pero ahora surgía la noción de que algo o alguien eran realmente buenos o malos. A su Dios se lo representaba con una llama (aun lo hacen), una llama eterna que ilumina las almas y da calor, cobijo. Aunque no lo solemos pensar demasiado, copiamos esto cuando en algún monumento o tumba de un prócer hacemos flamear esas llamas eternas hoy alimentadas a gas y normalmente custodiada por alguna Fuerza Armada.  

                En fin, esta religión al principio fue adoptada solo por los persas, aunque ese fue un milenio de muchos cambios en el mundo mediterráneo y desde ya, el último gran protagonista de ello fue Roma. Esta cultura tan rica y expansionista, luego de tomar territorios hacia el oeste para combatir al famoso Aníbal Barca, decidió expandirse hacia el Este por pedido de los griegos que habían sido ocupados por las tropas de Filipo II (padre de Alejandro Magno). No obstante, al ver los romanos sus riquezas culturales decidieron quedarse y si estaban allí, por qué no seguir aun más hacia el Este y conquistar y dominar la margen oriental del Mar Mediterráneo. Ellos podían… y lo hicieron, incluso más tarde tomaron el Norte de África.

                En este punto en el que se preguntarán que ensalada es la que estoy haciendo, es cuando las cosas comienzan a ponerse más interesantes en lo que a este artículo se refiere.

                Los romanos permitían la libertad de culto, siempre que en las fiestas dedicadas a sus dioses hicieran los sacrificios animales correspondientes. Pero que un imperio sea tan extenso (solo fue frenado en Oriente por las fuerzas Persas que firmaron un armisticio), conlleva muchas desventajas; algunas por ejemplo, que muchos romanos, incluso miles y miles de soldados romanos, jamás hubieran conocido la ciudad de Roma. Eran reclutados y entrenados en sus lugares de nacimiento o en otros campos de batalla, eran ciudadanos, pero Roma era un concepto, no un lugar específico. Y allí comienza esta aventura. Mientras el zoroastrismo derivó en otras religiones como el Mazdeísmo o el Mitraísmo y todas adoraban al “Sol Invicto” (se imaginarán que entre las tropas creer en un Sol Invencible y que jamás cayó en una batalla era muy tentador, al menos más que Marte, Dios de la Guerra romano, que no siempre aseguraba la victoria o en Júpiter, máximo Dios creador romano, que también tenía sus días), también al incorporar a Egipto dentro de sus dominios adoptaron muchos el culto a Isis, sobre todo entre las mujeres de la aristocracia romana.

                Tanto el zoroastrismo, como el mitraísmo o mazdeísmo, como también el judaísmo y después el cristianismo, eran y son llamadas “Religiones del Misterio” o “Religiones Orientales”, en las que no sólo había un solo Dios, sino que además, ese Dios no tenía una forma y mucho menos se comportaba caprichosamente como lo hacían sus fieles como en Grecia o Roma.

                Cuando estas religiones fueron bien extendidas dentro del mundo romano, una se destacó más que las otras por diversas razones: el Cristianismo. La idea de que el esclavo en la Tierra será Rey en el cielo, la idea de la esperanza de que luego de la muerte habrá vida eterna, la promesa hecha por un hombre que se aseguraba era hijo de Dios o Dios encarnado de volver para salvarlos a todos, fue realmente avasallante y excedió los límites de la provincia romana de Judea. Pero había un gran problema, si bien hoy no les voy a hablar de esto en profundidad, la naturaleza de ese Cristo se debatía en las calles y mercados como hoy se discute por un partido de futbol. ¿El mayor de los problemas? La naturaleza de Jesús. Así fue que surgieron innumerables sectas cristianas, entre ellas: el Arrianismo, el Donatismo, el Montanismo, el Nestorianismo, etc. Por supuesto, también contamos entre ellas al Catolicismo* que bregaba por la Santísima Trinidad, que tanto se menciona hasta hoy aunque muy pocos comprenden realmente de que se trata.

                Y, más allá de los debates y mártires que a Roma no le hacían gracia, el gran detonante ocurrió cuando Constantino venció a Majencio en la batalla del Puente Milvio en 312 y posteriormente a las fuerzas opositoras que quedaban en 324 en la Batalla del Helesponto. Este nuevo Emperador utilizó en sus escudos el símbolo cristiano de la cruz y la XP que representan “Jesús Cristo” en griego, transformándose así en el primer emperador romano cristiano y decretando la libertad de culto hacia estas sectas que estaban proscriptas por la Ley de Dioclesiano. Ahora bien, el problema continuaba solo que abiertamente. Constantino adoptó el credo católico ya que era el único que tenía una estructura definida y verticalista como lo era el imperio en sí, básicamente no lograba comprender la organización interna de las otras sectas, pero no bastaba eso, la pregunta definitiva fue: “¿En qué creemos realmente?” y tras el Consilio de Nicea de 325, se expulsó a todas las demás sectas que no fueran católicas, se escogieron cuidadosamente los libros que formarían el Nuevo Testamento y se creó la primer Oración totalmente católica, “El Credo”.

                Y si pensamos que con esto ya está, nos estaríamos quedando sin saber qué pasa con la navidad y las demás religiones. Una nueva y grandiosa religión debía contar con tradiciones, costumbres, fiestas y ritos, todo lo que conlleva la cohesión a través de las creencias, pero no era fácil. ¿Cómo convencer a todos de que el catolicismo era la única fe?, bueno una de las cosas que se hicieron entonces, se hizo más tarde y se sigue haciendo (y no solo por los católicos): Tomar las fiestas y costumbres paganas y resignificarlas, hacerlas propias, despojarlas del sentido que tenían para darles un sentido cristiano. El culto o los cultos más extendidos en ese momento dentro de Roma eran el del Sol Invicto y el de Isis, ambos adoradores de la llama, la luz, el Sol.  En el primero las fiestas hacia el Astro Rey se extendían desde el 22 al 25 de Diciembre (período que coincidía con el solsticio de Invierno en ese hemisferio y que proporcionaba esperanza, ya que cada día era un minuto más largo y no existía la posibilidad de que se acortaran), además de transformar los cultos ancestrales Celtas en el Día de Todos los Muertos y el de Todos los Santos para fines de Octubre y Principios de Noviembre. Estos días posteriores al solsticio de invierno eran además fundamentales para las cosechas, o mejor dicho, para saber como en un calendario, en qué momento del año se encontraban. Nadie duda de que Jesús haya nacido, pero nadie podía, pudo ni puede, asegurar el día exacto de su nacimiento, por lo que el Credo de Nicea adoptó el 25 de Diciembre como fecha del nacimiento del Mesías y en los cuatro libros escogidos para contar la vida de aquel hombre, solo en dos se habla del nacimiento y de los dos en uno nace en un pesebre y en el otro en una habitación, estas costumbres de las que les hablo serán responsables luego de adoptar la imagen tradicional como válida y absoluta.

                Por otra parte, también se tomará del culto a Mitra el mostrar el disco dorado a los fieles, hoy transformado en la Ostia redonda que el sacerdote muestra en la misa diciendo “este es el Cuerpo de Cristo”. Mucho más tarde, el árbol al que adoraban las diversas tribus europeas se transformará en símbolo de crecimiento y abundancia (árbol de navidad), así como el huevo en pascua significará renacimiento.

                Así es como el catolicismo monopolizará la creencia dentro del Imperio Romano. De este modo será que logre absorber las costumbres y tradiciones paganas y así… mi querido/a lector/a, es que sin saber realmente el día del nacimiento de Cristo, celebrará Ud. la Noche Buena (noche en que María entra en trabajo de parto) el 24 de diciembre y al día siguiente la Navidad o Natividad.

                Por mi parte creo que es bueno conocer por qué hacemos lo que hacemos y qué de lo que celebramos es o no es, aunque no creo que esto cambie en nada el hecho de que “Sí, realmente se celebra el nacimiento de Jesús” con una fecha simbólica, es verdad, como todo en todas las religiones es simbólico (los reyes magos no eran tres, pero les hablaré de ello, si quieren, en otra ocasión). Los símbolos nos hacen quienes somos, nos dan identidad, nos hacen pertenecer.

                Y como plus: en Navidad no se regalaba nada hasta hace unas pocas décadas, si no me creen pregúntenle a algún adulto mayor, a alguien de más de 75 años y les dirá que se regalaba en Reyes. Y otra cosa más, si Cristo nace el 25 de diciembre y contamos los años desde su nacimiento ¿por qué el año comienza el primero de Enero? La respuesta: son siete días después del nacimiento, simbolizando así los 8 días reglamentarios para la circuncisión de los varones judíos que simboliza la alianza con Dios.

                Espero les haya interesado y gustado. Les deseo a todos felices fiestas y nos estaremos encontrando por aquí muy pronto.

               

Juan Esteban Zanelli

 

 

*Católico=Universal

(1) Maier, F.G., LAS TRANSFORMACIONES DEL MUNDO MEDITERRÁNEO (Tomo IX), México, Siglo XXI, 1986

(2)  Meotto, Jorge Leopoldo, EL CULTO AL SOL EN ROMA Y EL ORIGEN DE LA NAVIDAD, Grupo Grecia clásica y helenística, Facebook, 22/12/2020