Farmacias de turno
Octubre 10, 2020

La Plaza España, llena de colores e imágenes.

Trabajo de investigación de la Profesora Gloria del C. Santucci

La Plaza España, llena de colores e imágenes.
La Plaza España, ese espacio típico de la ciudad, es un contexto que reviste particularidades que lo diferencian de manera muy clara de otras plazas desde hace 80 años. Ella también fue fuente de inspiración para artistas y escritores como J. Cortázar , D. Zerpa. Les proponemos un paseo por ella.
El visitante que llega a la Plaza España y deambula por sus caminos se encuentra con un mundo de colores e imágenes. Allí están el artístico arco de entrada con los escudos argentino y español, las fuentes, los bancos, ...todo ornamentado con las típicas mayólicas españolas, sevillanas y toledanas de Talavera de la Reina, obra del artista Ruiz de Luna, que la han hecho famosa.
Al caminar por el centro de la plaza se observa la serie de las 49 imágenes que se hallan en los bancos internos que rodean la fuente, en los cuatro laterales y en la parte superior de la “fuente del Habla Castellana”. Lamentablemente las13 ubicadas en la parte inferior de ella desaparecieron a partir de una intervención en 2010 como las 4 de los bancos laterales. De las casi 70 imágenes originales solamente se conservan ellas.
Sólo la presencia de una imagen religiosa en la casa del guardián rompe el predominio de lo profano. En ella aparece La Virgen del Rosario y el niño sin corona, ambos sujetando un rosario. La Virgen con un amplio manto y una capa apenas despegada del cuerpo. Prevalece la armonía de colores azul, blanco y amarillo. En la parte superior, en un resplandor levemente dorado sobre las cabezas contiene 6 estrellas. Guirnaldas con flores envuelven las figuras. El panel de azulejos está enmarcado con un borde azul decorado con motivos amarillos.
En las obras de azulejería talaveranas apreciamos una interesante iconografía profana que se manifiesta con un discreto esplendor. Desde el siglo XVI la cerámica talaverana rompió con la idea del trazado simétrico árabe al incorporar pinturas. En este caso, el artista interpretó en ella la obra de uno de los grandes maestros clásicos: Cervantes Saavedra, cuyo busto - obra del escultor chivilcoyano Antonio Bardi- preside la “Fuente del Habla Castellana”. Su conservación, en términos generales, es relativamente buena, exceptuando las pérdidas y el deterioro que presentan algunas piezas debido a la acción del tiempo y el vandalismo. Los rasgos estéticos que imperan son la ingenuidad, sencillez en los dibujos, equilibrio estático y armonía. Las figuras están tratadas con eminente sentido de lo popular. La mayoría aparecen de pie, en menor número sentadas. Suelen representarse más de cuerpo entero que fragmentadas. También los cuerpos y posturas de los personajes se repiten y la mayoría de los rostros son anónimos. La perspectiva es escasa. En cuanto a la luz es un elemento al que no se le concede demasiada importancia, los colores planos o poco modulados, con escasez de sombras y claroscuro. Los paisajes son sencillos, se observan pequeños montículos y, a veces, en el fondo se eleva algún pico de la cordillera o aparece algún árbol. El cielo está surcado por pinceladas azules, amarillas y a veces con pequeñas nubes y graciosas aves. Los paneles de azulejos reproducen imágenes del Quijote de la Mancha y representan escenas costumbristas de personajes castellanos, de trazados clásicos enmarcados con bordes azul cobalto. En los bancos con dos paneles, los separa una cenefa con motivo geométrico que también se encuentra en el friso debajo del asiento.
Mientras la transitamos, nos internamos imaginariamente por el mundo de la obra cervantina percibiendo la presencia de sus personajes. Va por los caminos el Hidalgo Don Alonso Quijano, que habiendo perdido la razón, cree ser un caballero andante llamándose a sí mismo “Don Quijote de la Mancha”.
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Lo escolta en su noble tarea de ayudar a pobres y desfavorecidos, su fiel empleado, Sancho Panza, montado en su asno Rucio, a quien nombra su escudero. Lo acompaña su flaco caballo, Rocinante, engalanado como un caballo de batalla.
Como todo caballero, debe tener una señora por quien luchar, encontrándola en una sencilla campesina a la cual llamará Dulcinea del Toboso. Pide a un posadero, al cual confunde como el dueño de un castillo, que lo arme caballero. Aún donde no las hay él vive interesantes aventuras. Ha descubierto gigantes y con la lanza en alto arremete contra ellos. Don Quijote se engancha en las astas de los molinos que confunde con brazos, movidas por el viento y sale por los aires. Advierte a un pastorcillo y se lanza en su defensa. Ve acercarse una carroza y pensando que es un secuestro se lanza a rescatar a la joven luchando y venciendo a uno de los jinetes, y dejando inconsciente a un monje. Hambrientos y lastimados son bien recibidos por un grupo de pastores de cabras. En una posada el posadero, su bella hija y una criada les cuidarán. Siempre buscando a su Dulcinea, Sancho Panza le presenta a unas campesinas. El Quijote que no la reconoce piensa que está encantada por un mago. En el camino encuentra miles de aventuras. Entre ellas, halla a un hombre “loco de amor” que le cuenta sus desgracias. Se ven nazarenos con sus capirotes de la Santa Hermandad custodiando el orden. Confunde un rebaño de ovejas con un ejército y sale a luchar contra ellas. Son invitados al castillo de un duque, y a una boda. Sus amigos logran llevarlo a su casa, donde recobra la conciencia y al poco tiempo muere.
Ese espacio público que da sentido de identidad colectiva es un espacio de disfrute con un potenciado valor cultural. La plaza merece ser visitada para disfrutarla y conocer una parte del patrimonio local, en especial por la presencia de las mayólicas de Talavera de la Reina cuya producción fue declarada Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO el año pasado ( XII- 2019).