Farmacias de turno
Octubre 17, 2020

Es el Tiempo del Tiempo

Columna de opinión del Profesor Juan Esteban Zanelli

Es el Tiempo del Tiempo

“(…) y, sin embargo ¿qué cosa más familiar y conocida mentamos en nuestras conversaciones que el tiempo? Y cuando hablamos de él, sabemos sin duda qué es, como sabemos o entendemos lo que es cuando lo oímos pronunciar a otros. ¿Qué es pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo, al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo, sin vacilación, es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese no habría tiempo futuro; y si nada existiese no habría tiempo presente; pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? (…)”(1)

Así reflexionaba allá por el año 400 Agustín de Hipona o como lo solemos conocer, san Agustín, en el libro dieciséis de sus Confesiones. Y realmente es interesante pensar en el Tiempo, como magnitud, como ese algo que realmente no sabemos definir sin mirar un reloj, como aquello que transcurre pero no podemos describir o definir. ¿Cuántos de ustedes y cuántas veces se preguntaron por el Tiempo? Queridos lectores, me atrevo a opinar que en su mayoría dirían: NUNCA. Sin embargo, no podemos escapar de él y simplemente…EXISTE.    

El eje de los objetos de estudio de las ciencias geográficas, para dar un ejemplo, es el Espacio, el de la antropología el Hombre, el de la Sociología la sociedad occidental, pero el eje central de los objetos de estudio de la historia no es ni más ni menos que el Tiempo, sin él sería imposible estudiar nuestra ciencia, pero, y a riesgo de ser redundante, ¿sabemos a caso qué es el tiempo?

Y la cosa se puede poner aun más trágica, más enrollada, más filosófica (si se quiere). El Tiempo ¿es siempre el mismo? ¿Es siempre igual? Realmente este tema nos puede llevar desde las insensateces más cómicas a las reflexiones más profundas y todas pueden ser falsas o lo que es peor, todas podrían ser verdaderas; pero existe una curiosidad especial en el Tiempo y es que no solo lo estudia la Historia como dije antes, en sí todas las ciencias humanísticas lo hacen… pero también las exactas, la Física, la Biología, la Geología, etc. Por consiguiente, deberíamos considerar al Tiempo desde una perspectiva mucho mayor de lo que lo veníamos haciendo, incluso de manera intuitiva.

- Señor, ¿cómo está el tiempo?

– Fresco, pero con Sol.

Este intercambio de palabras es de lo más común en nuestras vidas, pero a qué tiempo se refiere.

- Es tiempo de jugar – diría un familiar a un niño o una maestra a sus alumnos, pero… ¿por qué es ese tiempo?

Podría así enumerar infinitas veces que hablamos del Tiempo sin hablar realmente de él. Pero sin embargo lo hacemos, porque nos rodea, porque existe, porque no lo vemos, no lo tocamos, no lo podemos agarrar y meter en un recipiente, pero lo sentimos.

La Física nos decía que el Tiempo transcurre en una sola dirección y que es constante, o sea, siempre se mueve de la misma manera y en el mismo sentido, hasta que apareció don Einstein e incorporó el conocimiento de que todo es relativo, incluso el Tiempo que pasa a formar parte de un todo junto al Espacio… pero a pesar de pizarrones llenos de cálculos matemáticos, a pesar de libros y libros que hablan de ello, de la inmensa gravedad de un agujero negro que no permite escapar siquiera a la luz y al Tiempo. Palabra compleja, se los voy advirtiendo: Leyes de la Termodinámica, ¿acaso no saben qué es? Bueno, yo realmente tampoco demasiado, pero supone que explica la forma en el que el tiempo va siempre de A a B y jamás podría ser de otra manera. ¿Pero saben cómo terminan todos y cada uno de esos textos? Explicando que a la Física les falta comprender y explicar el Tiempo Social o Tiempo Psicológico (como lo llaman algunos).

Nadie de los que aun están leyendo y no se aburrieron o quieren tirarme estas palabras por la cabeza podrá decir que no experimentó alguna vez, ante el aburrimiento, que “la hora no pasa más”. O al contrario, al estar pasándola bien “la hora pasó volando”. Pero si la termodinámica dice que el tiempo es uno, que va en una dirección y es constante, una hora es una hora, ¿qué es eso de que no pasa más o pasa volando?

Lo cierto, querido lector que aun me estas siguiendo a pesar de mis locuras, es que el Tiempo que medimos (con el instrumento que sea, reloj eléctrico, mecánico, nuclear, de arena, de agua, etc.) no es el mismo Tiempo que el que vivimos, que el que percibimos, ese Tiempo Social que puede contraerse o estirarse según la situación e incluso los estados de ánimo. Ese Tiempo que “nos parece” a pesar de que el reloj marque los segundos a la misma velocidad.

¿Y ahora? Bueno, imagino que hay diversas opiniones, o que estoy loco, o que está complicado esto, o que no es así, o simplemente que es interesante y que jamás lo habían pensado de este modo. En cualquiera de los casos, sincerándome con que hipotéticamente alguien siga allí, me pareció interesante que en lugar de hablar de acontecimientos históricos, habláramos, reflexionáramos y aprendiéramos sobre la matriz, la estructura que mantiene a la historia donde está y no puede ser otra cosa más que esto, el Tiempo, simplemente sin él, no existiría el pasado.

¿Y el presente y el futuro?, bueno eso deberá tener que esperar, porque como dice Agustín al comienzo, podríamos dudar hasta de su existencia.

En Historia hablamos de que existen tres tiempos: uno largo de la estructura (la geografía de un lugar por ejemplo); uno medio de la coyuntura (los cambios de los grandes relatos, como la Revolución Francesa que cambió la monarquía por la República) y un tiempo corto del episodio (el hecho histórico puntual que pudo ocurrir como el Cabildo Abierto de 1810). Pero ahora bien, esto hace que un siglo que todos ustedes me discutirían con énfasis que dura 100 años, para la ciencia histórica no es así necesariamente. Un siglo puede ser largo o corto, así como la Relatividad de Einstein. Decimos que hay un siglo largo, por ejemplo el XIX que comienza con la Revolución Francesa en 1789 y termina con el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918; pero también que hay siglos cortos, como el XX que comienza en 1918, pero termina con la caída de la Unión Soviética, contrapeso del capitalismo occidental, en 1991. Pero entonces, ¿ni siquiera se puede confiar en la duración de un siglo?… la verdad es que no.

  Mientras matizamos nuestras vidas de la mejor forma que podemos, no nos podemos dar cuenta de que somos, de una u otra manera, esclavos del Tiempo, sus hijos, no podemos librarnos de él y seguramente no querríamos hacerlo por más tentador que esto pareciera. Nos encontraríamos perdidos, no sabríamos si es de mañana o de tarde, incluso no podríamos definir cuando termina un día y comienza otro (sabemos que la hora 00.00 y la hora 24.00 es el mismo instante pero con la intención de que pertenezca a uno u otro día). En la antigüedad, y no crean que hace tantos siglos, para algunos el día terminaba al anochecer y para otros al amanecer. Cuando no eran comunes los relojes las horas eran confusas y muy genéricas: hora prima, hora tercia, hora sexta, hora nona, vísperas. Hasta las primeras protestas obreras eran contra los relojes, se los rompía porque coartaban la libertad. Pobres relojes que solo movían sus agujas sin remedio, destinados al único fin de recordarnos que cada segundo que pasa, ya no existe más.

Y aquí me encantaría poder detenerme en una frase muy famosa que escribió Heráclito varios siglos antes de Cristo: “no nos podemos bañar dos veces en las mismas aguas del mismo río”. No podemos por cierto, ya que la partícula de agua que pasó, ya pasó, no volverá aunque el río sea el mismo y sus aguas parezcan idénticas. Con el Tiempo pasa lo mismo, podríamos ofrecer todo el dinero, oro y piedras preciosas que existan en el mundo y sin embargo no compraríamos ni un solo segundo que haya pasado. No tengo manera de volver al momento exacto en que comencé a escribir el título de este artículo, como vos lector anónimo, no podes volver al instante en que se te ocurrió leerme. El Tiempo es implacable, transcurre, pasa como un alud sin importar a quien afecta, sin medir si hace bien o mal, simplemente ocurre.

A pesar de que pueda parecernos corto o largo, a pesar de que las 00.00 y las 24.00 sean el mismo instante, lo cierto es que los tiempos se transforman en recuerdos y ellos en memorias y todo culpa del Tiempo. Esas memorias en algunos casos se transforman en historia, o en mitos, o en leyendas… y quizá, solo quizá, vayan a parar al baldío de los recuerdos a la espera de que sin importarnos el tiempo que nos lleve, busquemos entre todas esas memorias a nuestros seres queridos, a aquellos tiempos felices que nos parecieron infinitamente cortos y hoy los percibimos con detalle, memorables, largos. Quizá encontremos en medio a algún amor olvidado, a algún amigo añorable, aquella caída de la bici que nos dejó esta cicatriz, o la casita en el árbol, o esa canción que nos pone la piel de gallina.

Querido lector que has llegado hasta aquí conmigo, animáte a “perder” el tiempo buscando en ese baldío, perdelo con tu gente, perdelo haciendo esa locura que siempre quisiste… como historiador, te aseguro que Heráclito tenía razón y es por ello que ese momento no estará perdido, porque aprovechaste el  agua que te bañó exactamente en el momento que lo hacía y no será solo un recuerdo pasajero, será ahora parte de esas memorias, de las mismas en las que están tus viejos, tus abuelos, tus hijos, tus nietos, donde están tus maestros y amigos.

Al fin y al cabo, el Tiempo… el Tiempo más rápido o más despacio, no dejará de pasar.

 

 

Juan Esteban Zanelli

 

 

(1) (san) Agustín de Hipona, Confesiones, Libro XI) Nacido en Numídia, norte de África. Vivió entre 354-430 d.C. - Las Confesiones fueron escritas alrededor del 400 d.C.